Lo escencial es invisible a los ojos.
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jueves, 1 de septiembre de 2011
LIBROS RECOMENDADOS
- LOS PADECIENTES, GABRIEL ROLÓN
Sinopsis:
Hace poco menos de un año que Pablo Rouviot, un reconocido psicoanalista, terminó una turbulenta historia de amor desde entonces, se ha transformado en un hombre taciturno y solitario. Una noche, una joven de 27 años llega a su consultorio y le formula un pedido bastante par ticular. El cuerpo de su padre, un poderoso empresario, fue encontrado
acuchillado en un descampado cercano a su casa, y su hermano, un joven con graves problemas psicológicos, está acusado de haber sido el responsable del crimen. Paula necesita que la ayude a demostrar que su hermano es inimputable, alguien incapaz de comprender la peligrosidad de sus actos. Sin embargo, antes de responderle, Pablo decide hacer algunas averiguaciones y de a poco recompone una trama siniestra en la que nada es lo que parece. Médicos, policías, abogados y amantes se confabulan en un cuadro turbio que se suma a una historia familiar cargada de violencia y zonas oscuras. Desde ese momento, el día a día del psicólogo se
transforma en una pesadilla en la que únicamente lo moviliza una obsesión: llegar a la verdad, por más dolorosa que sea.
acuchillado en un descampado cercano a su casa, y su hermano, un joven con graves problemas psicológicos, está acusado de haber sido el responsable del crimen. Paula necesita que la ayude a demostrar que su hermano es inimputable, alguien incapaz de comprender la peligrosidad de sus actos. Sin embargo, antes de responderle, Pablo decide hacer algunas averiguaciones y de a poco recompone una trama siniestra en la que nada es lo que parece. Médicos, policías, abogados y amantes se confabulan en un cuadro turbio que se suma a una historia familiar cargada de violencia y zonas oscuras. Desde ese momento, el día a día del psicólogo se
transforma en una pesadilla en la que únicamente lo moviliza una obsesión: llegar a la verdad, por más dolorosa que sea.
- MÁS LIVIANO QUE EL AIRE, FEDERICO JEAN MARIE
Sinopsis:
Una anciana de 93 años mantiene encerrado en el baño de su casa a un adolescente que la abordó en la calle para robarle. Instalada del otro lado de la puerta, esta ex maestra solterona insiste en contarle la historia de su madre bajo la promesa de liberarlo en cuanto termine el relato, y pretende también enderezar y educar a un chico que considera la encarnación de los males que jaquean al país. En el monólogo de la anciana, la historia íntima se entrelaza con la historia nacional, y el presente y el pasado argentinos aparecen bajo el nuevo ropaje que viste la vieja dicotomía entre civilización y barbarie. Más liviano que el aire es una novela apasionante que indaga en la soledad y la incomunicación, y da cuenta de la violencia social y de la ceguera de las clases dominantes para encontrar una salida.
- LA OTRA PLAYA, GUSTAVO NIELSEN
Sinopsis:
Antonio y Marta se reúnen con un matrimonio amigo para mirar las diapositivas del viaje de una pareja desconocida. Pero vivir la existencia de otros no calma el malestar de la propia. Antonio siente que ya no ama a su mujer y que está "fuera de lugar" en casi todo: lo único que lo apasiona es sacar fotos. Perturbado, sale por la ciudad con su cámara a cuestas. Le llama la atención una joven y la fotografía con insistencia. La muchacha se convierte en una obsesión y en el punto de partida de un periplo en el que una casa en la playa, un escritor de novelas de terror y
el enigma eterno de la muerte jugarán un papel clave. Entretenida, tierna, llena de suspenso, guiños y cándidos gags, La Otra Playa es una novela de entramado perfecto, en la que una súbita atracción es la llave para desmontar las trampas de la memoria y reconciliarse con las relaciones familiares y el amor.
"Una novela muy original, sutil, conmovedora. Magníficamente construida, la sorprendente historia va revelando sus misterios a medida que se avanza en la lectura. Posee ese encanto irresistible de los buenos espectáculos de magia." ROSA MONTERO
"Pocas veces me he internado en una novela como en ésta, con el placer de explorar terra incognita, sin prever lo que el autor me prepara, y con la certeza de que, sea lo que fuere, me sorprenderá gratamente." EDGARDO COZARINSKY
"Todos aceptamos la otra vida. La manera de relacionarnos con ella es un misterio que sólo se explica en los sueños o en las buenas novelas. Estamos en este último caso, y estamos también, cómo no, ante el relato de un sueño." JUAN CRUZ RUIZ
el enigma eterno de la muerte jugarán un papel clave. Entretenida, tierna, llena de suspenso, guiños y cándidos gags, La Otra Playa es una novela de entramado perfecto, en la que una súbita atracción es la llave para desmontar las trampas de la memoria y reconciliarse con las relaciones familiares y el amor.
"Una novela muy original, sutil, conmovedora. Magníficamente construida, la sorprendente historia va revelando sus misterios a medida que se avanza en la lectura. Posee ese encanto irresistible de los buenos espectáculos de magia." ROSA MONTERO
"Pocas veces me he internado en una novela como en ésta, con el placer de explorar terra incognita, sin prever lo que el autor me prepara, y con la certeza de que, sea lo que fuere, me sorprenderá gratamente." EDGARDO COZARINSKY
"Todos aceptamos la otra vida. La manera de relacionarnos con ella es un misterio que sólo se explica en los sueños o en las buenas novelas. Estamos en este último caso, y estamos también, cómo no, ante el relato de un sueño." JUAN CRUZ RUIZ
- EL ENIGMA DE PARÍS, PABLO DE SANTIS
Sinopsis:
Una serie de asesinatos se suceden en París en 1889, cuando se está construyendo la Torre Eiffel. Todas las maravillas del saber humano se dan cita en la gran exposición universal de París, en 1889, una ocasión que hace de la ciudad un lugar luminoso, brillante, moderno, cuyo símbolo es una extraña torre de hierro desde cuya altura parece posible comprenderlo todo, explicarlo todo, desvelar el misterio. Y a ello va a dedicarse también la reunión de la orden de los Doce Detectives, los famosos investigadores llegados de todos los lugares del mundo que han decidido revelar al público los diversos métodos utilizados en la resolución de intrincados enigmas. Pero también el crimen ha decidido exponer sus artes, lo que obligará a los Doce a afinar sus habilidades, a pensar de una forma nueva, a tratar de resolver lo que parece según todos los indicios la actuación de un criminal en serie. Aunque tal vez las coincidencias no signifiquen nada y se trate sólo del afán tan humano de poner orden al caos buscando en todo correspondencias secretas. Porque quizás inventamos el enigma para no resignarnos a la propagación informe del mal. El mal que ha tomado la ciudad de París y que amenaza incluso a la orden de los Doce.
LA TERCERA PUERTA, NORMA HUIDOBRO
Sinopsis:
Fue una intuición, más que una certeza, pero aun antes de abrir
la puerta tijera, me di cuenta de que algo andaba mal. No fui
rápida; tardé un poco en comprender. Se trataba de la puerta. No
la puerta tijera, sino la otra. La puerta de madera que no era de
madera, era metálica, de esas corredizas, en paneles, que suelen
ser las más comunes en los ascensores. ¿De dónde había salido
esa puerta? Era la primera vez que la veía. La puerta de madera
tenía que estar ahí y no estaba. ¿Entonces??
Una ingeniosa y a la vez sencilla trama de suspenso que
mantiene atrapado al lector hasta las últimas páginas. Dos
empleadas en la casa del rico dueño de una galería se ven
enredadas en un misterio aterrador. A través de las voces de los
protagonistas, se desentraña una historia que no es lo que
parece. Una novela que desafía los prejuicios.
la puerta tijera, me di cuenta de que algo andaba mal. No fui
rápida; tardé un poco en comprender. Se trataba de la puerta. No
la puerta tijera, sino la otra. La puerta de madera que no era de
madera, era metálica, de esas corredizas, en paneles, que suelen
ser las más comunes en los ascensores. ¿De dónde había salido
esa puerta? Era la primera vez que la veía. La puerta de madera
tenía que estar ahí y no estaba. ¿Entonces??
Una ingeniosa y a la vez sencilla trama de suspenso que
mantiene atrapado al lector hasta las últimas páginas. Dos
empleadas en la casa del rico dueño de una galería se ven
enredadas en un misterio aterrador. A través de las voces de los
protagonistas, se desentraña una historia que no es lo que
parece. Una novela que desafía los prejuicios.
martes, 30 de agosto de 2011
PELÍCULA RECOMENDADA
Acerca de la Película
TÍTULO ORIGINAL
My Afternoons With Marguerite (La Tete en friche)SINOPSIS
'Mis tardes con Margueritte' es la historia de uno de esos encuentros improbables que pueden cambiar una vida. En un parque se encuentran Germain, de algo más de cincuenta años y casi analfabeto, y Margueritte, una frágil anciana apasionada por la lectura. Cuarenta años y cien kilos los separan. Por casualidad, Germain se sienta a su lado. Margueritte empieza a leerle extractos de novelas, haciéndole descubrir la magia de los libros, de la que Germain se creía excluido. De pronto, para la gente que le rodea, para sus amigos del café, que hasta ahora le han tomado por un tonto, la idiotez bascula y cambia de lado. Pero Margueritte se va quedando ciega y, por amor a esta adorable abuela traviesa y atenta, Germain se esforzará y le demostrará que es capaz de leerle cuando ella ya no pueda hacerlo.ELENCO
Gérard Depardieu • Sophie Guillemin • Claire Maurier • Jean-François Stévenin • Mélanie Bernier • FECHA DE ESTRENO
28 de abril 2011 DURACIÓN
01:22CLASIFICACIÓN
SAM13GÉNERO
Drama DISTRIBUIDORA
Cohen Media Group viernes, 22 de abril de 2011
Cien Sonetos. Pablo Neruda.
Soneto I
Matilde, nombre de planta o piedra o vino,
de lo que nace de la tierra y dura,
palabra en cuyo crecimiento amanece,
en cuyo estío estalla la luz de los limones.
En ese nombre corren navíos de madera
rodeados por enjambres de fuego azul marino,
y esas letras son el agua de un río
que desemboca en mi corazón calcinado.
Oh nombre descubierto bajo una enredadera
como la puerta de un túnel desconocido
que comunica con la fragancia del mundo!
Oh invádeme con tu boca abrasadora,
indágame, si quieres, con tus ojos nocturnos,
pero en tu nombre déjame navegar y dormir.
Soneto II
Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,
qué soledad errante hasta tu compañía!
Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.
En Taltal no amanece aún la primavera.
Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,
juntos desde la ropa a las raíces,
juntos de otoño, de agua, de caderas,
hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.
Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,
la desembocadura del agua de Boroa,
pensar que separados por trenes y naciones
tú y yo teníamos que simplemente amarnos,
con todos confundidos, con hombres y mujeres,
con la tierra que implanta y educa los claveles.
Soneto III
Aspero amor, violeta coronada de espinas,
matorral entre tantas pasiones erizado,
lanza de los dolores, corola de la cólera,
por qué caminos y cómo te dirigiste a mi alma?
Por qué precipitaste tu fuego doloroso,
de pronto, entre las hojas frías de mi camino?
Quién te enseñó los pasos que hasta mí te llevaron?
Qué flor, qué piedra, qué humo mostraron mi morada?
Lo cierto es que tembló la noche pavorosa,
el alba llenó todas las copas con su vino
y el sol estableció su presencia celeste,
mientras que el cruel amor me cercaba sin tregua
hasta que lacerándome con espadas y espinas
abrió en mi corazón un camino quemante.
Matilde, nombre de planta o piedra o vino,
de lo que nace de la tierra y dura,
palabra en cuyo crecimiento amanece,
en cuyo estío estalla la luz de los limones.
En ese nombre corren navíos de madera
rodeados por enjambres de fuego azul marino,
y esas letras son el agua de un río
que desemboca en mi corazón calcinado.
Oh nombre descubierto bajo una enredadera
como la puerta de un túnel desconocido
que comunica con la fragancia del mundo!
Oh invádeme con tu boca abrasadora,
indágame, si quieres, con tus ojos nocturnos,
pero en tu nombre déjame navegar y dormir.
Soneto II
Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,
qué soledad errante hasta tu compañía!
Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.
En Taltal no amanece aún la primavera.
Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,
juntos desde la ropa a las raíces,
juntos de otoño, de agua, de caderas,
hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.
Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,
la desembocadura del agua de Boroa,
pensar que separados por trenes y naciones
tú y yo teníamos que simplemente amarnos,
con todos confundidos, con hombres y mujeres,
con la tierra que implanta y educa los claveles.
Soneto III
Aspero amor, violeta coronada de espinas,
matorral entre tantas pasiones erizado,
lanza de los dolores, corola de la cólera,
por qué caminos y cómo te dirigiste a mi alma?
Por qué precipitaste tu fuego doloroso,
de pronto, entre las hojas frías de mi camino?
Quién te enseñó los pasos que hasta mí te llevaron?
Qué flor, qué piedra, qué humo mostraron mi morada?
Lo cierto es que tembló la noche pavorosa,
el alba llenó todas las copas con su vino
y el sol estableció su presencia celeste,
mientras que el cruel amor me cercaba sin tregua
hasta que lacerándome con espadas y espinas
abrió en mi corazón un camino quemante.
Soneto IV
Recordarás aquella quebrada caprichosa
a donde los aromas palpitantes treparon,
de cuando en cuando un pájaro vestido
con agua y lentitud: traje de invierno.
Recordarás los dones de la tierra:
irascible fragancia, barro de oro,
hierbas del matorral, locas raíces,
sortílegas espinas como espadas.
Recordarás el ramo que trajiste,
ramo de sombra y agua con silencio,
ramo como una piedra con espuma.
Y aquella vez fue como nunca y siempre:
vamos allí donde no espera nada
y hallamos todo lo que está esperando.
Soneto V
No te toque la noche ni el aire ni la aurora,
sólo la tierra, la virtud de los racimos,
las manzanas que crecen oyendo el agua pura,
el barro y las resinas de tu país fragante.
Desde Quinchamalí donde hicieron tus ojos
hasta tus pies creados para mí en la Frontera
eres la greda oscura que conozco:
en tus caderas toco de nuevo todo el trigo.
Tal vez tú no sabías, araucana,
que cuando antes de amarte me olvidé de tus besos
mi corazón quedó recordando tu boca
y fui como un herido por las calles
hasta que comprendí que había encontrado,
amor, mi territorio de besos y volcanes.
Soneto VI
En los bosques, perdido, corté una rama oscura
y a los labios, sediento, levanté su susurro:
era tal vez la voz de la lluvia llorando,
una campana rota o un corazón cortado.
Algo que desde tan lejos me parecía
oculto gravemente, cubierto por la tierra,
un grito ensordecido por inmensos otoños,
por la entreabierta y húmeda tiniebla de las hojas.
Pero allí, despertando de los sueños del bosque,
la rama de avellano cantó bajo mi boca
y su errabundo olor trepó por mi criterio
como si me buscaran de pronto las raíces
que abandoné, la tierra perdida con mi infancia,
y me detuve herido por el aroma errante.
Soneto VII
"Vendrás conmigo" dije -sin que nadie supiera
dónde y cómo latía mi estado doloroso,
y para mí no había clavel ni barcarola,
nada sino una herida por el amor abierta.
Repetí: ven conmigo, como si me muriera,
y nadie vio en mi boca la luna que sangraba,
nadie vio aquella sangre que subía al silencio.
Oh amor ahora olvidemos la estrella con espinas!
Por eso cuando oí que tu voz repetía
"Vendrás conmigo" -fue como si desataras
dolor, amor, la furia del vino encarcelado
que desde su bodega sumergida subiera
y otra vez en mi boca sentí un sabor de llama,
de sangre y de claveles, de piedra y quemadura.
"Vendrás conmigo" dije -sin que nadie supiera
dónde y cómo latía mi estado doloroso,
y para mí no había clavel ni barcarola,
nada sino una herida por el amor abierta.
Repetí: ven conmigo, como si me muriera,
y nadie vio en mi boca la luna que sangraba,
nadie vio aquella sangre que subía al silencio.
Oh amor ahora olvidemos la estrella con espinas!
Por eso cuando oí que tu voz repetía
"Vendrás conmigo" -fue como si desataras
dolor, amor, la furia del vino encarcelado
que desde su bodega sumergida subiera
y otra vez en mi boca sentí un sabor de llama,
de sangre y de claveles, de piedra y quemadura.
Soneto VIII
Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna,
de día con arcilla, con trabajo, con fuego,
y aprisionada tienes la agilidad del aire,
si no fuera porque eres una semana de ámbar,
si no fuera porque eres el momento amarillo
en que el otoño sube por las enredaderas
y eres aún el pan que la luna fragante
elabora paseando su harina por el cielo,
oh, bienamada, yo no te amaría!
En tu abrazo yo abrazo lo que existe,
la arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,
y todo vive para que yo viva:
sin ir tan lejos puedo verlo todo:
veo en tu vida todo lo viviente.
Soneto IX
Al golpe de la ola contra la piedra indócil
la claridad estalla y establece su rosa
y el círculo del mar se reduce a un racimo,
a una sola gota de sal azul que cae.
Oh radiante magnolia desatada en la espuma,
magnética viajera cuya muerte florece
y eternamente vuelve a ser y a no ser nada:
sal rota, deslumbrante movimiento marino.
Juntos tú y yo, amor mío, sellamos el silencio,
mientras destruye el mar sus constantes estatuas
y derrumba sus torres de arrebato y blancura,
porque en la trama de estos tejidos invisibles
del agua desbocada, de la incesante arena,
sostenemos la única y acosada ternura.
Soneto X
Suave es la bella como si música y madera,
ágata, telas, trigo, duraznos transparentes,
hubieran erigido la fugitiva estatua.
Hacia la ola dirige su contraria frescura.
El mar moja bruñidos pies copiados
a la forma recién trabajada en la arena
y es ahora su fuego femenino de rosa
una sola burbuja que el sol y el mar combaten.
Ay, que nada te toque sino la sal del frío!
Que ni el amor destruya la primavera intacta.
Hermosa, reverbero de la indeleble espuma,
deja que tus caderas impongan en el agua
una medida nueva de cisne o de nenúfar
y navegue tu estatua por el cristal eterno.
Suave es la bella como si música y madera,
ágata, telas, trigo, duraznos transparentes,
hubieran erigido la fugitiva estatua.
Hacia la ola dirige su contraria frescura.
El mar moja bruñidos pies copiados
a la forma recién trabajada en la arena
y es ahora su fuego femenino de rosa
una sola burbuja que el sol y el mar combaten.
Ay, que nada te toque sino la sal del frío!
Que ni el amor destruya la primavera intacta.
Hermosa, reverbero de la indeleble espuma,
deja que tus caderas impongan en el agua
una medida nueva de cisne o de nenúfar
y navegue tu estatua por el cristal eterno.
Para seguir leyendo entrar a: http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/100sone.htm
Enrique Anderson Imbert. El leve Pedro
| Durante dos meses se asomó a la muerte. El médico refunfuñaba que la enfermedad de Pedro era nueva, que no había modo de tratarse y que él no sabía qué hacer... Por suerte el enfermo, solito, se fue curando. No había perdido su buen humor, su oronda calma provinciana. Demasiado flaco y eso era todo. Pero al levantarse después de varias semanas de convalecencia se sintió sin peso. -Oye -dijo a su mujer- me siento bien pero ¡no sé!, el cuerpo me parece... ausente. Estoy como si mis envolturas fueran a desprenderse dejándome el alma desnuda -Languideces -le respondió su mujer. -Tal vez. Siguió recobrándose. Ya paseaba por el caserón, atendía el hambre de las gallinas y de los cerdos, dio una mano de pintura verde a la pajarera bulliciosa y aun se animó a hachar la leña y llevarla en carretilla hasta el galpón. Según pasaban los días las carnes de Pedro perdían densidad. Algo muy raro le iba minando, socavando, vaciando el cuerpo. Se sentía con una ingravidez portentosa. Era la ingravidez de la chispa, de la burbuja y del globo. Le costaba muy poco saltar limpiamente la verja, trepar las escaleras de cinco en cinco, coger de un brinco la manzana alta. -Te has mejorado tanto -observaba su mujer- que pareces un chiquillo acróbata. Una mañana Pedro se asustó. Hasta entonces su agilidad le había preocupado, pero todo ocurría como Dios manda. Era extraordinario que, sin proponérselo, convirtiera la marcha de los humanos en una triunfal carrera en volandas sobre la quinta. Era extraordinario pero no milagroso. Lo milagroso apareció esa mañana. Muy temprano fue al potrero. Caminaba con pasos contenidos porque ya sabía que en cuanto taconeara iría dando botes por el corral. Arremangó la camisa, acomodó un tronco, tomó el hacha y asestó el primer golpe. Entonces, rechazado por el impulso de su propio hachazo, Pedro levantó vuelo. Prendido todavía del hacha, quedó un instante en suspensión levitando allá, a la altura de los techos; y luego bajó lentamente, bajó como un tenue vilano de cardo. Acudió su mujer cuando Pedro ya había descendido y, con una palidez de muerte, temblaba agarrado a un rollizo tronco. -¡Hebe! ¡Casi me caigo al cielo! -Tonterías. No puedes caerte al cielo. Nadie se cae al cielo. ¿Qué te ha pasado? Pedro explicó la cosa a su mujer y ésta, sin asombro, le convino: -Te sucede por hacerte el acróbata. Ya te lo he prevenido. El día menos pensado te desnucarás en una de tus piruetas. -¡No, no! -insistió Pedro-. Ahora es diferente. Me resbalé. El cielo es un precipicio, Hebe. Pedro soltó el tronco que lo anclaba pero se asió fuertemente a su mujer. Así abrazados volvieron a la casa. -¡Hombre! -le dijo Hebe, que sentía el cuerpo de su marido pegado al suyo como el de un animal extrañamente joven y salvaje, con ansias de huir-. ¡Hombre, déjate de hacer fuerza, que me arrastras! Das unas zancadas como si quisieras echarte a volar. -¿Has visto, has visto? Algo horrible me está amenazando, Hebe. Un esguince, y ya comienza la ascensión. Esa tarde, Pedro, que estaba apoltronado en el patio leyendo las historietas del periódico, se rió convulsivamente, y con la propulsión de ese motor alegre fue elevándose como un ludión, como un buzo que se quita las suelas. La risa se trocó en terror y Hebe acudió otra vez a las voces de su marido. Alcanzó a agarrarle los pantalones y lo atrajo a la tierra. Ya no había duda. Hebe le llenó los bolsillos con grandes tuercas, caños de plomo y piedras; y estos pesos por el momento dieron a su cuerpo la solidez necesaria para tranquear por la galería y empinarse por la escalera de su cuarto. Lo difícil fue desvestirlo. Cuando Hebe le quitó los hierros y el plomo, Pedro, fluctuante sobre las sábanas, se entrelazó con los barrotes de la cama y le advirtió: -¡Cuidado, Hebe! Vamos a hacerlo despacio porque no quiero dormir en el techo. -Mañana mismo llamaremos al médico. -Si consigo estarme quieto no me ocurrirá nada. Solamente cuando me agito me hago aeronauta. Con mil precauciones pudo acostarse y se sintió seguro. -¿Tienes ganas de subir? -No. Estoy bien. Se dieron las buenas noches y Hebe apagó la luz. Al otro día cuando Hebe despegó los ojos vio a Pedro durmiendo como un bendito, con la cara pegada al techo. Parecía un globo escapado de las manos de un niño. -¡Pedro, Pedro! -gritó aterrorizada. Al fin Pedro despertó, dolorido por el estrujón de varias horas contra el cielo raso. ¡Qué espanto! Trató de saltar al revés, de caer para arriba, de subir para abajo. Pero el techo lo succionaba como succionaba el suelo a Hebe. -Tendrás que atarme de una pierna y amarrarme al ropero hasta que llames al doctor y vea qué pasa. Hebe buscó una cuerda y una escalera, ató un pie a su marido y se puso a tirar con todo el ánimo. El cuerpo adosado al techo se removió como un lento dirigible. Aterrizaba. En eso se coló por la puerta un correntón de aire que ladeó la leve corporeidad de Pedro y, como a una pluma, la sopló por la ventana abierta. Ocurrió en un segundo. Hebe lanzó un grito y la cuerda se le desvaneció, subía por el aire inocente de la mañana, subía en suave contoneo como un globo de color fugitivo en un día de fiesta, perdido para siempre, en viaje al infinito. Se hizo un punto y luego nada. |
Arthur Conan Doyle. Estudio en escarlata
Índice
PRIMERA PARTE (Reimpresión de las memorias de John H. Watson, doctor en medicina y oficial retirado del Cuerpo de Sanidad)
1. Mr. Sherlock Holmes
2. La ciencia de la deducción
3. El misterio de Lauriston Gardens
4. El informe de John Rance
5. Nuestro anuncio atrae a un visitante
6. Tobías Gregson en acción
7. Luz en la oscuridad
2. La ciencia de la deducción
3. El misterio de Lauriston Gardens
4. El informe de John Rance
5. Nuestro anuncio atrae a un visitante
6. Tobías Gregson en acción
7. Luz en la oscuridad
SEGUNDA PARTE. La tierra de los santos
1. En la gran llanura alcalina
2. La flor de Utah
3. John Ferrier habla con el profeta
4. La huida
5. Los ángeles vengadores
6. Continuación de las memorias de John Watson, doctor en Medicina
7. Conclusión
2. La flor de Utah
3. John Ferrier habla con el profeta
4. La huida
5. Los ángeles vengadores
6. Continuación de las memorias de John Watson, doctor en Medicina
7. Conclusión
Para leerlo entero ingrese aquí:
Corazón Coraza - Mario Benedetti
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Poema (AUDIO):
lunes, 11 de abril de 2011
Felicitaciones a los creadores
Felicito a los creadores de este espacio y deseo que sea un modo distinto para comunicarnos y expresar nuestros gustos literarios, nuestras producciones, nuestros sueños. La literatura abre caminos, promueve la imaginación, crea lazos, permite conocer nuevos mundos. Ojalá esta iniciativa sea una forma de compartir y de soñar.
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